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sábado, 4 de abril de 2009

Wes Anderson, un director fuera de norma


Un artículo que me gustó, que hallé en Latinpedia.com

Si algo podemos decir del cine del director y guionista Wes Anderson, es que es un cine atípico, poco convencional y hasta diríamos extraño para los cánones de éste Hollywood que en los últimos tiempos parece apostar cada vez más seguido a las terceras, cuartas y quintas partes de películas taquilleras antes que al desarrollo de algún tipo de idea original; que está más dado al uso de nuevas tecnologías, aplicación del marketing, y a la construcción de salas cinematográficas más espectaculares que a los contenidos de los films que pone en pantalla; entregado a un cine vacío, vacuo, exclusivamente pasatista, puro fuegos artificiales, simplemente efectista, y que nos deja así frente a un panorama, en cuanto al aspecto creativo y del futuro de la cinematografía, desolador y de tierra arrasada, de monocultivo, de terreno irrecuperable, esa tendencia al pensamiento único que parece imperar en el mundo y en lo cultural en general, con cantantes clonadas una y otra vez, realitys las 24 hs. y hasta el hartazgo y medios de información cada vez más concentrados. que imponen gustos y bajan líneas acordes a sus necesidades de ventas. En medio de esta escena desesperanzadora, siendo Hollywood la fuerza motora mundial del cine industrial, las películas de éste director joven, meticuloso y dueño de un pulso y un estilo característicos propios, es bienvenido como una bocanada de aire fresco entre tanto conservadurismo y ejecutivo de estudio al que sólo le interesa conseguir réditos económicos de películas tan grandes que se hunden sobre su propio peso, sostenidos por una estructura cada vez más débil y sujeta a los caprichos de los capitales a los que lo mismo les da poner su dinero en la fabricación de automóviles, tanques, casas prefabricadas, acciones de empresas de alimentos que en películas.

Debutó con Bottle Rocket, tal vez su trabajo más flojo. Aunque llena de buenas intenciones y con muchos de los elementos que terminarían caracterizando el estilo andersoniano de entender el cine, la película fue tan solo un botón de muestra de lo que después lograría el director a lo largo de su filmografía, que incluye hasta el momento 5 largometrajes y un corto complementario a su último opus, The Darjeeling Limited (Viaje a Darjeeling). Ya en Bottle Rocket (cuya traducción literal sería algo así como Cohete Botella) aparecieron elementos que Anderson mantendría como constantes en cada una de sus películas: la presencia de hoteles como detalle de peso en el desarrollo de la historia; su asociación con Owen Wilson, actor extraño y personaje capaz de actuar en bodrios impresentables como Armaggedon o Los rompebodas, como también de co escribir varios de los films junto a Anderson; Bill Murray presente en todas sus películas exceptuando Bottle Rocket; algún personaje hindú, presencia llevada al extremo en Viaje a Darjeeling, que transcurre, justamente en la India; la incapacidad de los personajes para traducir en gestos aquello que sienten y la pesadez existencial que arrastran y que convierten a estas películas en comedias melancólicas y tristes, si existiera tal definición, como el rostro del payaso que hace reír pero que todos sabemos qué no es alegrías lo que realmente siente.

En Rushmore (en Argentina se la conoció como Tres son multitud) apareció, si, el cine Anderson. La gran actuación de Bill Murray, quien por entonces empezaba a ser redescubierto como el gran actor que es; Jason Schwarzman, otro de los laderos de Anderson, un personaje que es tal vez el estudiante más fuera de todos los prototipos que nos ha entregado el cine de las high schools en lustros; Owen Wilson, quien no está de cuerpo presente en ésta película, pero que aparece como el fallecido marido de la protagonista, esa maestra de jardín de infantes de las que ambos protagonistas masculinos, el millonario Edward [Es Herman!!] Blume (Bill Murray) y el estudiante, se enamoran y por cuyo amor están dispuestos a luchar cometiendo todo tipo de tropelías, haciéndose zancadillas, aplicándose uno tras otro golpe bajo, componiendo así uno de los triángulos amorosos más raros que se hayan visto en el cine.

Para muchos The Royal Tenenbaums (en Argentina, Los excéntricos Tenenbaums) es su obra más lograda. Si en Rushmore el tema era la adolescencia (o la visión que Anderson puede brindarnos de la adolescencia a través de su lente) aquí el tema son las relaciones familiares. Con un elenco repleto de estrellas (el entonces ascendente Ben Stiller, el consagrado Gene Hackman como Royal Tenenbaum, Gwyneth Paltrow, Angelica Houston, a partir de entonces LA cara femenina en los films de Anderson, Owen Wilson, Luke Wilson y Danny Glover) la película muestra el apogeo y caída de una familia que supo tener su edad dorada de la mano de sus tres niños, cada uno un genio en lo suyo y que siempre fueron decepcionados por un padre inescrupuloso e incapaz de brindar nada que no fuera desazón y desengaño a su familia. Esta vez el triángulo amoroso lo conforman Hackman, Houston y Danny Glover y aquí la lucha también es despiadada y sin cuartel, con Royal Tenenbaum dispuesto a todo, incluso a hacerse pasar por enfermo terminal, con tal de no perder a su esposa… de la que, por cierto, lleva separado 17 años.

A esta película le siguieron primero La vida acuática con Steve Zissou, una tierna parodia a ese personaje televisivo llamado Jacques Cousteau, en la que Bill Murray encarna a un egocéntrico científico al que solo le interesa recuperar su fama a toda costa. También aquí actúa Owen Wilson como el hijo no reconocido de Steve Zissou. Cate Blanchett, como la cronista embarazada que los acompaña en un viaje iniciático para uno y de recuperación para el otro, es esta vez la tercera en discordia. Aquí también un hotel juega lo suyo (Hotel Citroen, los nombres en el cine de Anderson, siempre tienen algo de caprichoso) como en Los Excéntricos Tenenbaums aparecía el Lindebergh Hotel, en Bottle Rocket gran parte de la historia transcurría en un motel y en Viaje a Darjeeling todo comienza en el Hotel Chevallier.

Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Ltd.) es la película más nueva de Wes Anderson. Co escrita con Jason Schwarzman, cuenta la historia de tres hermanos que se reencuentran un año después de la muerte de su padre (una muerte que los ha marcado profundamente). La película comienza con un corto y transcurre en uno de estos no-sitios a los que Anderson parece ser tan afecto: un hotel, el Hotel Chevallier. Como en todas sus películas los personajes empiezan moviéndose por razones interesadas y a veces hasta egoístas y sin registrar nada más que sus propios deseos e impulsos, comportándose incluso de manera mezquina con quienes los rodean y les son más cercanos. Pero, también como sucede en todo el cine de Wes Anderson, recorren un camino impreciso y no buscado a lo largo de las películas que los lleva, sin proponérselos ni ellos ni el director, a redimirse, a reencontrarse consigo mismos, a reconstruirse y reconstruir todo a su alrededor sin darse cuenta y, lo más importante, casi sin que nosotros nos demos cuenta, lo que vuelve el sabor del descubrimiento más dulce, y nos deja con una sonrisa diferente y una sensación extrañamente placentera después de ver cualquiera de las películas de éste director que, sabemos, tiene mucho más para decirnos, muchas más películas que filmar.

viernes, 13 de marzo de 2009

Félix Viscarret habla de Wes Anderson


Víctor me pasó hace bastante ya un link que al final de la nota les dejo. Era de una entrevista a Feliz Viscarret (de quien aún no he tenido la suerte de conocer su trabajo) en la que habla específicamente de Wes Anderson (pues yo ya les había dejado en el blog una breve mención en otra entrevista a él).

Enjoy!


Félix Viscarret habla de Wes Anderson

Félix Viscarret ha estrenado su primera película este año. Se titula 'Bajo las estrellas' y es candidata a siete premios Goya, entre ellos el de mejor director novel. Le gusta descubrir nuevas películas que le hagan disfrutar como espectador y le estimulen como director. Wes Anderson es uno de sus directores contemporáneos favoritos, un cineasta de su tiempo en el que le gusta mirarse y verse reflejado. Se ha prestado a hablar sobre él en este blog.

¿Cómo llegaste a Wes Anderson?
Fue en unas vacaciones de navidad en las que decidí invadir la casa de un amigo en Nueva York. Empecé a leer en varios sitios sobre la película 'Rushmore'. Hablaban de ella como de un nuevo tipo de comedia, muy personal, entonces casi de culto. Como además estaba protagonizada por el gran Bill Murray, me picó la curiosidad y la vi con mis amigos. Y como nos gustó tanto, luego tuvimos que volver a verla un par de veces. Cuento esta anécdota absurda (Nueva York, la nieve, invadir el piso de un amigo) porque ahora me parece que es una situación bastante 'andersoniana'.

¿Puedes hablarme de los placeres que te produce como espectador?
Tú has comparado a los Tenembaums con la familia Glass, y el caso es que antes de los 'Tenembaums', cuando vi 'Rushmore' pensé en 'El guardián entre el centeno'. Sé que esto puede sonar a sacrilegio. No quiero decir que sea una adaptación libre ni mucho menos, es sólo la forma en que Wes Anderson se recrea o rinde tributo a determinados temas o al universo de la novela de Salinger: el adolescente en crisis, los bandazos que damos en esa edad, los problemas escolares, el amor, la amistad…

Si pienso en los grandes placeres que me han dado algunas de sus películas, reconozco que el tono me parece maravilloso. Es melancólico y al mismo tiempo humorístico. Me río con las excentricidades de sus personajes, con sus debilidades… y al mismo tiempo esas debilidades tan humanas me hacen querer a esos personajes, identificarme, sentirlos como seres entrañables. Personajes que cobran vida en tu interior después de que haya terminado la película. Te gustaría seguir sabiendo cosas de ellos.

Para no ser demasiado pedante, voy a poner un ejemplo al azar, que me vino a la cabeza el otro día y que me parece mítico. Ojo, quien no haya visto 'Bottle Rocket' (estrenada aquí con el inefable título de 'Quien roba a un ladrón'), quizás debería dejar de leer esta parte, no sé. Hacia el final de la película, el personaje de Owen Wilson termina en la cárcel porque lo que iba a ser su primer gran golpe no ha sido más que una encerrona. Le visitan sus amigos. Owen les enseña a lo que dedica su tiempo en la cárcel: a hacer chapitas de metal y hebillas para cinturones. Son un regalo para el mafioso de poca monta (James Caan) al que él admira. Sus amigos le dicen que James Caan les ha traicionado, delatado y robado. Por su culpa Owen ha acabado en la cárcel. Al oírlo, Owen coge las hebillas y piensa en no entregárselas a James Caan, pero finalmente dice: 'qué demonios, sin resentimientos' y se las da de todas formas... Como digo, es un ejemplo al azar, pero aparte de divertido, ¿no convierte a este personaje en un ser adorable? Y así nos despedimos de este personaje, con cierta melancolía al verlo adentrarse en la cárcel, pero al mismo tiempo sin poder borrar una sonrisa de nuestra cara por lo genial que es.

El universo de Wes Anderson que a mí me emociona está lleno de este tipo de historias de entrañables perdedores que no han encontrado su sitio, y de sus pequeñas superaciones de conflictos personales, sus íntimos procesos de catarsis, de redención…

También me encanta el estilo visual de Wes Anderson, pero reconozco que para mí ahí radica últimamente una tendencia manierista que, unida a guiones más libres, hace que sus últimas dos películas ('Life Aquatic' y 'Viaje a Darjeeling') no sean de mis favoritas. ¿Cuáles prefieres?
Como puedes ver, me quedo con las tres primeras, que son las tres que él co-escribió con Owen Wilson, su amigo desde la universidad y actor fetiche. Soy de los que empiezan a pensar que el guionista genial es Owen, o que a la hora de escribir el uno sin el otro ya no son lo mismo.

Muchos de mis amigos hablan de 'Rushmore' como su mejor película, y reconozco que yo dudo mucho entre 'Rushmore' y 'Los Tenembaums' a la hora de elegir mi favorita. Desde mi punto de vista, que es subjetivo como todos, creo que 'Los Tenembaums' es la que más gana con los visionados posteriores, a la que se le encuentran más niveles de lectura con el paso del tiempo y por eso la considero la más completa, la que mejor refleja el mundo de Wes Anderson. Es la más bella, la más melancólica, la que tiene los personajes más jodidos y más adorables.

¿Te ha influenciado como cineasta?
Seguro que sí, como todo lo que nos gusta en la vida. Tratas de aprender de las películas que te emocionan. Seguro que se queda un poso en tu subconsciente. Soy más fan de películas concretas que de obras completas de directores, y aún así veo que de entre mis películas de cabecera hay tres de Wes Anderson. Eso querrá decir algo. Quizás no se vea una influencia clara en mi largometraje 'Bajo las estrellas' en lo que respecta a la puesta en escena, pero me gustaría pensar que me acerco a mis personajes, con sus debilidades, sus excentricidades y sus pequeños procesos de redención personal, con el mismo cariño con el que lo hace Wes Anderson a los suyos. Porque si no te enamoras como director de tus personajes, ¿cómo esperas que lo haga un espectador que no les conoce de nada? Supongo que eso es lo que nos enseña Wes Anderson. A mirar a las demás personas de nuestro alrededor con cariño, a identificarnos con ellas por muy piradas que parezcan, a sentirnos cercanos unos a otros. A mirar con humor hasta los momentos más tristes. Cosas que hacen que la vida merezca la pena, ¿no?


Wes Anderson en Goop

Les cuento, para quienes no saben, que Goop.com es el sitio de Gwyneth Paltrow. Semana a semana escribe un newsletter sobre recomendaciones, por así decirlo. A veces son de sitios a comer, a visitar, platos o, como sucedió en el de esta semana, películas. Lo bueno, es que se ve que le preguntó a unos cuantos directores sobre sus películas preferidas. Y entre ellos está Wes Anderson (otros: Sofia Coppola, Spielberg, Favreau).

Aquí está lo que escribió Gwyneth:

Wes’ Picks:
(Wes Anderson directed Bottle Rocket, Rushmore, The Royal Tenenbaums, etc. He is one of the most specific directors I have ever worked with. When I played Margot in The Royal Tenenbaums, he knew exactly how he wanted my hair, clothes and eye makeup. He is so inspiring to work with because you feel like you are the one crazy, important color he needs to create the whole picture. Also, he is a great dresser.)
Terror’s Advocate
Barbet Schroeder’s great documentary, Terror’s Advocate, also relates to another one I would highly recommend, which is Marcel Ophüls’ documentary Hôtel Terminus (except I think you can only get it on VHS). There is kind of a miniature version of Terror’s Advocate in the middle of it.
Neon Genesis Evangelion
This is a Japanese cartoon that is very difficult to describe and might not sound that great if I tried anyway. It is 24 episodes, and we watched them all in less than a week because you start to want to believe it’s real. This could spawn something like Scientology.
From the Life of Marionettes
I’d never heard of this until last month. It’s an Ingmar Bergman movie he made in Germany where I think he was a tax exile.
Life Lessons
The Martin Scorsese part of New York Stories. It’s about a painter.
More or less anything that says The Criterion Collection across the top it. The most recent one I had never seen before and loved was Costa-Gavras’ Missing.

Para más, visiten Goop.com

martes, 2 de diciembre de 2008

Foto con Anjelica


Como últimamte no tengo novedades sobre él, y el blog lleva bastante tiempo sin ser actualizado, tomo como excusa esta increíble foto (tomada por Laura Wilson, la mamá de los tres Wilsons que tanto han acompañado a Wes tanto en su vida personal como en su carrera). Seguramente ya la vieron, pero es que me encanta. Ojalá siempre sigan trabajando juntos.

sábado, 9 de agosto de 2008

The 10 Most Affecting Wes Anderson Moments


Miren lo que es este artículo que acabo de encontrar. Juro que si después tengo tiempo lo posteo en español.

sábado, 28 de junio de 2008

Gene Hackman se retira



Era ya algo evidente pero Hackman ha anunciado hoy que se retira del mundo
del cine. Su último trabajo fue en "El jurado", película de 2004.
No, ni se siente viejo ni está enfermo. Hackman se volcará a partir de ahora en su carrera literaria.
En estos momentos se encuentra de promoción con su novela ‘Escape From Andersonville: A Novel of the Civil War’, coescrita junto a Daniel Lenihan, submarinista, con el que comparte una buena amistad desde fuera su instructor de natación para la película ‘La Tapadera’, y con el que comenzó a escribir una trilogía histórica: ‘Wake of the Perdido Star’ (1999), ‘Justice for None’ (2003) y la mencionada, con la que están de gira. Una pena no volverle a ver en el cine pero siempre quedarán sus películas y el saber que sigue activo y entre nosotros en otras artes.


Realmente una pena. Nos regaló a un magnífico Royal Tenenbaum y eso nos queda.

miércoles, 2 de abril de 2008

Félix Viscarret habla de Wes Anderson


Félix Viscarret ha estrenado su primera película este año. Se titula 'Bajo las estrellas' y es candidata a siete premios Goya, entre ellos el de mejor director novel. Le gusta descubrir nuevas películas que le hagan disfrutar como espectador y le estimulen como director. Wes Anderson es uno de sus directores contemporáneos favoritos, un cineasta de su tiempo en el que le gusta mirarse y verse reflejado. Se ha prestado a hablar sobre él en este blog.

¿Cómo llegaste a Wes Anderson?
Fue en unas vacaciones de navidad en las que decidí invadir la casa de un amigo en Nueva York. Empecé a leer en varios sitios sobre la película 'Rushmore'. Hablaban de ella como de un nuevo tipo de comedia, muy personal, entonces casi de culto. Como además estaba protagonizada por el gran Bill Murray, me picó la curiosidad y la vi con mis amigos. Y como nos gustó tanto, luego tuvimos que volver a verla un par de veces. Cuento esta anécdota absurda (Nueva York, la nieve, invadir el piso de un amigo) porque ahora me parece que es una situación bastante 'andersoniana'.

¿Puedes hablarme de los placeres que te produce como espectador?
Tú has comparado a los Tenembaums con la familia Glass, y el caso es que antes de los 'Tenembaums', cuando vi 'Rushmore' pensé en 'El guardián entre el centeno'. Sé que esto puede sonar a sacrilegio. No quiero decir que sea una adaptación libre ni mucho menos, es sólo la forma en que Wes Anderson se recrea o rinde tributo a determinados temas o al universo de la novela de Salinger: el adolescente en crisis, los bandazos que damos en esa edad, los problemas escolares, el amor, la amistad…

Si pienso en los grandes placeres que me han dado algunas de sus películas, reconozco que el tono me parece maravilloso. Es melancólico y al mismo tiempo humorístico. Me río con las excentricidades de sus personajes, con sus debilidades… y al mismo tiempo esas debilidades tan humanas me hacen querer a esos personajes, identificarme, sentirlos como seres entrañables. Personajes que cobran vida en tu interior después de que haya terminado la película. Te gustaría seguir sabiendo cosas de ellos.

Para no ser demasiado pedante, voy a poner un ejemplo al azar, que me vino a la cabeza el otro día y que me parece mítico. Ojo, quien no haya visto 'Bottle Rocket' (estrenada aquí con el inefable título de 'Quien roba a un ladrón'), quizás debería dejar de leer esta parte, no sé. Hacia el final de la película, el personaje de Owen Wilson termina en la cárcel porque lo que iba a ser su primer gran golpe no ha sido más que una encerrona. Le visitan sus amigos. Owen les enseña a lo que dedica su tiempo en la cárcel: a hacer chapitas de metal y hebillas para cinturones. Son un regalo para el mafioso de poca monta (James Caan) al que él admira. Sus amigos le dicen que James Caan les ha traicionado, delatado y robado. Por su culpa Owen ha acabado en la cárcel. Al oírlo, Owen coge las hebillas y piensa en no entregárselas a James Caan, pero finalmente dice: 'qué demonios, sin resentimientos' y se las da de todas formas... Como digo, es un ejemplo al azar, pero aparte de divertido, ¿no convierte a este personaje en un ser adorable? Y así nos despedimos de este personaje, con cierta melancolía al verlo adentrarse en la cárcel, pero al mismo tiempo sin poder borrar una sonrisa de nuestra cara por lo genial que es.

El universo de Wes Anderson que a mí me emociona está lleno de este tipo de historias de entrañables perdedores que no han encontrado su sitio, y de sus pequeñas superaciones de conflictos personales, sus íntimos procesos de catarsis, de redención…

También me encanta el estilo visual de Wes Anderson, pero reconozco que para mí ahí radica últimamente una tendencia manierista que, unida a guiones más libres, hace que sus últimas dos películas ('Life Aquatic' y 'Viaje a Darjeeling') no sean de mis favoritas.

¿Cuáles prefieres?
Como puedes ver, me quedo con las tres primeras, que son las tres que él co-escribió con Owen Wilson, su amigo desde la universidad y actor fetiche. Soy de los que empiezan a pensar que el guionista genial es Owen, o que a la hora de escribir el uno sin el otro ya no son lo mismo.

Muchos de mis amigos hablan de 'Rushmore' como su mejor película, y reconozco que yo dudo mucho entre 'Rushmore' y 'Los Tenembaums' a la hora de elegir mi favorita. Desde mi punto de vista, que es subjetivo como todos, creo que 'Los Tenembaums' es la que más gana con los visionados posteriores, a la que se le encuentran más niveles de lectura con el paso del tiempo y por eso la considero la más completa, la que mejor refleja el mundo de Wes Anderson. Es la más bella, la más melancólica, la que tiene los personajes más jodidos y más adorables.

¿Te ha influenciado como cineasta?
Seguro que sí, como todo lo que nos gusta en la vida. Tratas de aprender de las películas que te emocionan. Seguro que se queda un poso en tu subconsciente. Soy más fan de películas concretas que de obras completas de directores, y aún así veo que de entre mis películas de cabecera hay tres de Wes Anderson. Eso querrá decir algo. Quizás no se vea una influencia clara en mi largometraje 'Bajo las estrellas' en lo que respecta a la puesta en escena, pero me gustaría pensar que me acerco a mis personajes, con sus debilidades, sus excentricidades y sus pequeños procesos de redención personal, con el mismo cariño con el que lo hace Wes Anderson a los suyos. Porque si no te enamoras como director de tus personajes, ¿cómo esperas que lo haga un espectador que no les conoce de nada? Supongo que eso es lo que nos enseña Wes Anderson. A mirar a las demás personas de nuestro alrededor con cariño, a identificarnos con ellas por muy piradas que parezcan, a sentirnos cercanos unos a otros. A mirar con humor hasta los momentos más tristes. Cosas que hacen que la vida merezca la pena, ¿no?

lunes, 17 de marzo de 2008

Remedio para melancólicos - por Alan Pauls

Los excéntricos Tenenbaums, la delirante y alarmante familia creada por el joven Wes Anderson en su última película, que se estrena el jueves en nuestro país. Con un reparto formidable explotado al máximo (Gene Hackman, Anjelica Huston, Bill Murray, Gwyneth Paltrow, Ben Stiller, Danny Glover y los hermanos Luke y Owen Wilson), una estética visual deslumbrante y un contrapunto notable entre la ironía y la emoción, el director de Rushmore obligó a la crítica cinematográfica a inventar una nueva categoría para definirlo: La Nueva Sinceridad. Sepa por qué no puede perderse esta película.


El cine independiente americano podría prescindir de Jonas Mekas, Roger Corman, John Cassavetes, la Nouvelle Vague, Martin Scorsese, el súper 16, los hermanos Coen, Robert “Sundance Kid” Redford y su meca indie de Utah, Steven Soderbergh, Quentin Tarantino y hasta de Miramax. Podría prescindir de todos los cineastas, productores, movimientos artísticos, tecnologías y acontecimientos históricos que hicieron posible su insolencia, su alternativismo y su vocación innovadora, pero no de la institución más conservadora, sedentaria y preservacionista que haya fabricado la sociedad occidental: la familia. De Harmony Korine (Julien Donkey Boy) a Sam Mendes (Belleza americana), de Todd Solondz (Felicidad) a Paul Thomas Anderson (Magnolia), la última generación de directores made in USA parece haber elegido los usos y costumbres familiares como matriz privilegiada de sus ficciones, un hábito compulsivo que Freud, en la Viena de hace un siglo, ya le había endilgado a la clase más o menos planetaria de los neuróticos.
La afinidad no es casual. Caprichosos y monotemáticos, a menudo ligados con el mundo por un cordón umbilical bastante poco razonable –las películas que ven, la cámara que manipulan–, casi todos esos cineastas son especialistas en el mismo síndrome del que son víctimas. Neuróticos gourmet, si se dedican a los retratos de familia es porque nada engendra monstruos tan cercanos y tan extremos como las estructuras elementales del parentesco. Los hogares que Korine radiografía en Julien Donkey Boy y Mendes en Belleza americana son el reino del desperfecto: nada funciona, secretos atroces corren como regueros de pólvora, el amor disfraza el despotismo o la perversión, los padres atormentan, someten o literalmente destruyen a los hijos, los hermanos se desean, la atmósfera es irrespirable. Para el exigente paladar indie, no hay manjar más apetecible que una buena familia disfuncional, cuya fórmula tiene la ventaja de matar varios pájaros de un tiro: concentra la acción (satisfaciendo el viejo reclamo aristotélico que los manuales de guión siguen defendiendo), garantiza un pintoresquismo psicológico más o menos tortuoso, promete altos niveles de conflictividad (virtud dramática especialmente apreciada por los guionistas) y predispone al espectador a una empatía fatal, el tipo de compasión más o menos mecánica que sentimos al comprobar, viéndola proyectada en una pantalla, la decadencia de una institución en la que todos, absolutamente todos, somos verdugos y víctimas.


El polizón
La familia –una familia bizarra, engalanada de todas esas “desviaciones” que ningún censo se tomaría el trabajo de registrar– también es la materia prima de Los excéntricos Tenenbaums. Pero sería injusto alistar a Wes Anderson, su director, en el pelotón de sombríos anatomistas familiares que se agolpa en el párrafo de arriba. Comparado con el estilo sucio de Korine, la densidad de Mendes o el descriptivismo catatónico de Todd Solondz, Anderson tiene la gracia, la agilidad y la falta de escrúpulos de un niño. Más o menos críticas, más o menos feroces, las ficciones del hardcore familiar suelen poner en escena una mirada homogénea, segura de sí, no importa si es la de la víctima inocente, la del verdugo o la de un outsider que contrabandea su repugnancia o su escándalo en el lenguaje del estupor. A simple vista, la perspectiva de Anderson parece más ingenua, como trasplantada de un afectuoso cuento para chicos: tiene “magia”, es delicada y detallista, ignora la urgencia y se toma su tiempo, pero también puede patalear, chillar y golpear platos de puré recién servidos con sus puñitos temperamentales.
Más que con los de un chico, en realidad, Anderson mira con los ojos de un mutante: una criatura que, al estilo de la Alicia de Lewis Caroll, envejece y se aniña al mismo tiempo. Una mirada inmadura, en el sentido más bello y más gombrowicziano de la palabra: la mirada de alguien que siempre es más niño y más adulto de lo que debería ser y que explota ese devenir doble, contradictorio, con la astucia de un polizón, con el soloafán de quedarse un poco más –un día, unas horas, unos segundos– en esa patria de la que siempre se es un exiliado: la infancia.
Los excéntricos Tenembaums empieza por ahí, por ese salvaje laboratorio de idiosincrasias que es la infancia, y define de entrada el marco de la narración: el film se hace pasar por la adaptación al cine de un libro apócrifo, vagamente infantil, cuyas páginas vemos desfilar ante nuestros ojos. Tiene una tipografía sobria, pero ligeramente pasada de moda, y los retratitos de los personajes que encabezan cada capítulo (cada parte del film) son nobles y modestos como ilustraciones en pluma de una edición anticuada. Algo de ese principio (y el título, desde luego) parece evocar con ironía a Los magníficos Ambersons de Orson Welles; pero el magnífico Anderson prefiere ir al grano y presenta, en un montaje de viñetas quietas, brillantes, posadas hasta el gag, la infancia de su pequeña troupe de genios idiotas, hijos de Royal y Etheline Tenembaum, en una Nueva York tan estilizada que parece una maqueta: Chas, el mago de las finanzas, que se hace millonario creando una variedad de ratones-dálmatas; Margot, dramaturga precoz rápidamente bendecida por el éxito; y Richie, campeón de tenis a una edad en que los niños a duras penas manejan la plastilina o los cubiertos.


Bienvenidos a la intransigencia
Esa introducción, narrada como un álbum de postales familiares, es la prehistoria eufórica del film, su gran, único momento de plenitud, la Arcadia que luego, perdida, teñirá de nostalgia todo el relato. Porque el paraíso estalla, y estalla gracias a la catástrofe más prosaica que los paraísos familiares están en condiciones de ofrecer: la separación de los padres. Royal abandona el hogar y desaparece. Una noche terrible cae sobre el relato. Cuando la luz vuelve, han pasado casi veinte años, tiempo suficiente para que las rarezas aristocráticas de la infancia luzcan ahora como taras, impedimentos o defecciones a secas.
Chas (Ben Stiller) es viudo (perdió a su mujer en un accidente) y tiene dos hijos; paranoico incurable, ha impuesto el jogging rojo como vestuario familiar, pensando que con esa ropa todos, en una emergencia, serán más reconocibles. Margot (la extraordinaria Gwyneth Paltrow, una mujer-Snoopy con los ojos aureolados de kohl, siempre atrincherada detrás de una especie de congoja impasible) ha perdido un dedo y ya lleva siete años de sólido bloqueo literario; casada con un neurólogo (Bill Murray) à la Oliver Sacks, se pasa los días en el baño, bajo llave, entregada a la monomanía clandestina de fumar. Y Richie (Luke Wilson) es menos que la sombra de lo que fue: dejó el tenis tras plantar a su rival en medio de una final de campeonato, y ahora busca olvidar ese pasado de gloria y oprobio bebiendo bloody mary y recorriendo el mundo en barco.
Todo ha cambiado, y sin embargo todo sigue igual, como las habitaciones que cada uno ocupaba en la casa Tenenbaum. Aunque ya superan la barrera de los treinta, Chas, Margot y Richie son más niños que nunca, niños inconsolables (porque el mundo ya no los reconoce como tales), niños en los que el tiempo sólo ha operado metamorfosis frívolas, estériles, injustas. Richie sigue usando la vincha y la remera Fila que Björn Borg hizo célebres a principios del ‘79 (y que Fila, a pedido de Anderson, resucitó especialmente para la película), y el mismo saco marrón sobre la ropa de tenis, como si fuera o viniera de alguna semifinal. Margot sigue teniendo la convicción y la belleza negligente y el aire de concentración dolida que tenía cuando sus obras llenaban teatros y arrancaban aplausos. Y los ratones-dálmatas de Chas, dos décadas más tarde, siguen husmeando saludablemente los zócalos de la casa Tenenbaum.
La moraleja de Anderson es clara: la medida de la excentricidad no es el éxito sino el desastre. Porque las fuerzas de la excentricidad sólo refulgen entre los escombros, cuando todo conspira contra ellas, cuando todo, en nombre de la supervivencia, les reclama moderación, flexibilidad, tácticas de una adaptación mezquina y humillante. ¿Cuáles son esasfuerzas? Las mismas que la escritora Edith Sitwell, en Ingleses excéntricos, recomendaba como antídoto para la melancolía: la idea fija, la intransigencia, el orgullo, la elegancia gráfica (la vincha de Richie, el dedito postizo de Margot, el adidas carmesí de Chas) y, sobre todo, ese extraño vértigo de inmadurez que enrarecía a la Alicia de Caroll, que exaltaba a Gombrowicz y que está en el corazón de los personajes de Los excéntricos Tenenbaums: la desproporción.



El efecto perturbador
Hacía mucho que el cine no revelaba un talento tan diabólico para la manipulación visual. Lejos de los efectos especiales (lejos de Amélie, un film con el que Los excéntricos Tenenbaums parece querer dialogar pero –y es una suerte– siempre termina distrayéndose), Anderson trabaja en una dimensión extraña, a la vez óptica y material, donde las ilusiones más huidizas de un film se arraigan en los detalles más artesanales de su producción. La desproporción es la clave del excéntrico: en su fase depresiva, Chas, Margot y Richie están tan desfasados respecto del mundo y de sí mismos –de las reglas del mundo y de sus propios cuerpos, sus conductas, sus deseos– como lo estaban de niños, cuando la vida les sonreía y los tres daban conferencias de prensa con el aplomo adusto de tres premios Nobel, un poco a la manera de los brillantes hermanos Glass de Salinger, sombra tutelar que ya planeaba sobre el film anterior de Anderson, el magnífico Rushmore (ver recuadro), y que ahora aparece con todas las letras.
Pero esa desproporción –una consigna que los actores del film interpretan con una sensibilidad genial, actuando siempre como en dos registros al mismo tiempo: mayor y menor, presente y pasado, infancia y adultez–, Anderson también la hace nacer de la relación siempre incómoda entre los cuerpos y los espacios (la carpita amarilla que Richie instala en el cuarto) y en el vínculo desconcertante, muy propio, también, de Lewis Caroll, que se establece entre los interiores y el exterior, donde la casa Tenenbaum, por un milagro de puesta en escena, parece incluir a la ciudad de Nueva York. Y –es el Anderson’s touch– en el vestuario. Todas las medidas de la ropa que se usa en Los excéntricos Tenenbaums están minuciosa, deliberadamente equivocadas: los pantalones arrastran o sólo rozan tímidamente los tobillos, las mangas se exceden o temen llegar a la muñeca, los botones están demasiado altos o no coinciden del todo con sus ojales, los trajes abrochan mal, los sacos aprietan o cuelgan. Son errores mínimos, sí, pero es justamente esa dosis de error “casual” la que explica el efecto perturbador, como de op-art figurativo, que el film produce en el espectador.
La desproporción es el ser del excéntrico, su arma y su karma, el sello que lo distingue y el mal que puede matarlo. Pero si, en Rushmore, Anderson la hacía jugar en relación con un exterior, un contexto contra el que no podía sino chocar, en Los excéntricos Tenenbaums es más bien una ley general, el axioma que funda, sostiene y rige el mundo entero del film. Ya no se trata de ver qué pasa entre el excéntrico y el mundo, la obcecación con que el primero intenta imponerle su obsesión al segundo y la incomprensión (o la condescendencia) con que el segundo impugna la singularidad del primero: se trata de imaginar cómo sería un mundo poblado sólo de excéntricos, un ghetto exclusivo para espíritus irrazonables, sin mortales pedestres, sin “afuera”. Es el gran sueño de Anderson: inventar mundos cerrados, autónomos, autorregulados, donde –como en Los excéntricos Tenenbaums– los taxis sean siempre idénticos, de la misma compañía, no importa dónde se los tome, y los micros sean siempre de la misma línea, la Green Line, no importa adónde se pretenda ir.
Sí: hay algo incurablemente infantil en esa voluntad de invención, y sobre todo en el delirio de exhaustividad que implica. Es la pulsión de alguien que fue niño, que dejó –como todos– de serlo y que, en vez de “adaptarse”, madurar, “pasar a otra cosa”, dice que no, que “preferiría nohacerlo”, como Bartleby, y chilla y se aferra a ese territorio perdido con uñas y dientes, arrebatándoselo al tiempo y a la biología, y transformándolo en un hermético laboratorio de milagros. Y ésa es quizá la diferencia clave que separa a Wes Anderson de los directores que husmean en las sórdidas trastiendas familiares: Korine, Solondz o Mendes buscan representar el mundo; Anderson –devoto, como todo niño, de las causas perdidas– sólo piensa en reemplazarlo.

jueves, 6 de marzo de 2008

Árbol Genealógico

(Esta es la otra parte del artículo en la revista Cinemania que no había podido transcribir antes)

Hacer un viaje por el camino Anderson presenta muchas desviaciones, altos en lugares familiares e intersecciones varias. Lo cierto es que el realizador, desde su ópera prima (Bottle Rocket) hasta esta parte, se ha agrupado con algunos de los mejores actores y guionistas de la comedia actual. En ese inicio prometedor aparecían en primer plano los hermanitos Wilson -el gran Owen y el subvalorado Luke-, como dos ladrones de poca monta. Pero Owen no sólo se quedó en mostrar su talento delante de cámara, sino que además colaboró con Anderson en la escritura del guión. Si hubo (y hay)una dupla exitosa -no en cuanto a número de butacas llenas, sino a nivel creativo- fue ésta. Y por suerte las cosas no quedaron allí. Pero antes, hagamos un alto en el camino. Miremos alrededor y desviémonos de la ruta Wilson para centrarnos en otro hombre-nombre andersoniano: Jason Schwartzman, el joven nerd de anteojos de Rushmore (¡coescrita por Wilson!). Max Fischer y toda su excentricidad, Max Fischer con mucho de Holden Caulfield, Max Fischer: un overachiever por excelencia. Quizá muchos, al ver I Heart Huckabees o Marie Antoinette, hayan señalado a Schwartzman con el dedo exclamando "¡El chico de la película con Bill Murray!". Sí, sí, pero antes que nada, un actor talentosisímo al que Anderson no dejaría pasar y que le sacó punta al lápiz para dar una mano en el guión de Viaje a Darjeeling. Otra buena decisión. Y ahora, volvamos a Owen y su participación en Los excéntricos Tenenbaum, una de las mejores películas norteamericanas contemporáneas, donde el actor de nariz prominente era Eli Cash, un Tenenbaum wannabe, un amigo de esa familia con toques Glass (sí, otra vez Salinger), para el cual el realizador se basó en dos escritores: Cormac McCarthy y Jay McInerney. Wilson nuevamente fue más allá de la actuación y concibió junto a Anderon esta genialidad, recibiendo luego una nominación al Oscar. Ya lo dijimos, el éxito estaba garantizado. Y después vendría Vida acuática -sí, otra vez sopa, con Owen en el elenco-. Incluso podríamos hablar de Murray, Anjelica Huston y Kumar Pallana, tres nombres que se repiten en la filmografía del realizador y que también forman parte de este viaje a Darjeeling. Viaje de amigos, de caras conocidas, donde quien se prende en la aventura por vez primera es otro actor de nariz prominente à la Wilson: Adrien Brody.

jueves, 28 de febrero de 2008

Owen Wilson y Wes Anderson en la Vida y el Arte

Un artículo más que interesante que encontré. No tengo tiempo para traducírselo, pero les dejo el link con la traducción hecha por Google.

sábado, 23 de febrero de 2008

Cosas que le gustan a la gente blanca

Encontré este artículo y me pareció interesante así que aquí lo dejo traducido.

La gente blanca ama más las películas de Wes Anderson que a sus hijos. Si un muchacho blanco lleva a una chica blanca a ver una película de Wes Anderson en su primera cita, y ninguno de ellos la había visto, comenzarán inmediatamente una relación reflejada en canciones de Ryan Adams y Bright Eyes.

Las películas de Wes Anderson tienen esta forma de ser graciosas y un poco inteligentes, así que la gente blanca en el público reirán como locos. Además, si no entienden el chiste y otra gente blanca comienza a reir, se les unirán. Se parece mucho al caso de si un muchacho con anteojos ríe, el cine entero lo estará también en 15 segundos.

Si te encuentras en una situación con una persona blanca, y el silencio cae sobre ustedes, menciona cualquiera de las películas a continuación y tendrás algo de qué hablar, y les caerás bien. Aquí hay unos comentarios aprobados.

1. The Darjeeling Limited (2007). "Es genial que haya vuelto, Owen Wilson es simplemente fantástico".

2. Hotel Chevalier (2007). "¿Puedes creer que Natalie Portman medio que se desnudó?".

3. The Life Aquatic With Steve Zissou (2004). "Sé que mucha gente dijo que no le gustó, pero yo pensé que es fantástica".

4. The Royal Tenenbaums (2001). "Está película cambió mi vida".

5. Rushmore (1998). "Aquí es cuando Bill Murray realmente cambió frente a mis ojos, él es tan fantástico en la película, y Jason Schwartzman es una estrella verdadera".

6. Bottle Rocket (1996). "Vi esta película en 1994".